Ortega y Gasset, conferencia en la ciudad de La Plata en 1939 Para animarnos a la recuperación de nuestros ideales, de nuestro carácter y de nuestro destino de grandeza: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”

Evolución

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miércoles, 23 de marzo de 2016

Lo que Obama debe saber sobre la Argentina de Macri

Por 
Manifestación para exigir la liberación de la activista Milagro Sala, quien fue arrestada en enero.
Natacha Pisarenko/Associated Press
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Durante su viaje a la Argentina esta semana, es poco 
probable que el Presidente Obama visite a Milagro Sala. 
Reconocida activista social de la provincia de Jujuy, al noroeste 
del país, Sala fue detenida en enero a instancias del gobernador, 
Gerardo Morales, un aliado político del nuevo presidente, Mauricio 
Macri.
Su detención ha generado rechazo internacional; el Papa Francisco, 
Naciones Unidas y Amnistía Internacional han expresado su 
preocupación. Pero no la Casa Blanca: al anunciar la visita 
de Obama, agradeció a Macri por sus “aportes a la defensa de 
los derechos humanos en la región.”
El histórico viaje de Obama a Cuba tiene toda la pompa de una 
despedida a la Guerra Fría en América Latina. Su visita a La 
Habana servirá como el punto simbólico culminante en la 
normalización de las relaciones de Estados Unidos con el 
gobierno comunista de Cuba. Pero su excursión a la Argentina 
tiene un sentido muy distinto.
Poco antes de que Obama llegara a Buenos Aires, su administración 
anunció la desclasificación de documentos del gobierno de 
Estados Unidos relacionados con la dictadura militar argentina 
del 1976 al 1983. Sin embargo, la visita no se trata del estado 
actual de los derechos humanos sino del libre comercio y 
la seguridad hemisférica.
Un reconocimiento del papel maligno que jugó EE.UU. en los primeros 
años de la dictadura es bienvenido, aun cuando sea tardío. Pero 
ignorar las señales de alarma sobre el impacto en los derechos 
humanos generadas por las acciones recientes de la nueva 
coalición gobernante de la Argentina es un recordatorio preocupante 
de ese legado. Para Macri, la visita de Obama ya es un respaldo.
La detención de Milagro Sala ilustra el nuevo enfoque de mano 
dura del gobierno argentino. Su organización jugó un papel 
importante al ofrecer viviendas, trabajos y educación a grupos 
marginados socialmente. Sala fue detenida por liderar una 
protesta de trabajadores cooperativistas, desempleados e indígenas 
en una de las provincias más pobres del país. Después, fue 
acusada de malversar fondos públicos. Esa investigación judicial debe 
seguir su curso pero el debido proceso exige que, mientras tanto, ella 
no sea encarcelada.
Esta detención arbitraria ocurre en el contexto de una serie de 
medidas tomadas por la administración de Macri que han debilitado 
el Estado de derecho bajo el pretexto de seguridad, libertad 
económica y la guerra contra las drogas. En enero, unas semanas 
después de asumir, Macri declaró la emergencia de seguridad que 
permitió que las fuerzas militares derriben aviones no 
identificados sospechados de estar vinculados con el narcotráfico.
En los hechos, el presidente ha decretado una pena de muerte de 
factosin juicio previo. Esta política ha sido criticada como un 
ejemplo de la “narcotización” de la seguridad pública. Va en 
contra de los principios centrales de las reformas argentinas 
posdictadura que prohíben la intervención militar en la seguridad 
interior.
Poco después de la asunción de Macri, la corte suprema de la capital 
del país, Buenos Aires, dictaminó que la policía local puede requerir 
que los ciudadanos muestren sus documentos de identificación 
sin tener sospecha, un fallo que da luz verde al acoso policial 
basado en los prejuicios. En otra jugada igual de preocupante, 
el gobierno nacional presentó recientemente un nuevo protocolo para 
protestas que otorga a las fuerzas de seguridad mayores 
facultades para reprimir y criminalizar las manifestaciones; en un país 
donde la gente valora el derecho a la protesta y suele ocupar las 
calles para reclamar sus derechos.
El colapso económico y político de 2001 en la Argentina 
demostró definitivamente que las políticas de libre mercado de los 90 
no habían mejorado las vidas de la gente común. No obstante, Macri 
y su equipo están resucitando algunas medidas fracasadas del pasado. 
Con los precios de las materias primas a la baja, quieren atraer 
inversión extranjera con recortes para llegar a mayor competitividad: 
buscan reducir el gasto público y achicar el Estado.
A la vez, su administración ha eliminado los controles cambiarios, 
lo cual aumenta la inflación. Algunos analistas estiman que el 
aumento de precios excederá la meta oficial para 2016 de entre 
20 y 25 por ciento.
A pesar de sus promesas de campaña de fortalecer las instituciones democráticas, 
el Presidente Macri está gobernando en el sentido opuesto. En diciembre, intentó 
nombrar a dos jueces nuevos de la Corte Suprema de la Nación por decreto y 
así sortear la aprobación del Senado. Ante el clamor de la sociedad, el presidente 
dio marcha atrás y mandó los nombramientos al Senado.
No fue la única decisión prepotente: Macri utilizó varias órdenes ejecutivas para 
modificar un pilar de la legislación sobre los medios que había ampliado la 
libertad de expresión al fortalecer las normas antimonopólicas, aun cuando la 
administración anterior no la haya implementado bien. Este tipo de intervención 
presidencial sería desastrosa en cualquier circunstancia, pero en el contexto 
de la polarización política en la Argentina y de otras medidas represivas 
es alarmante.

El riesgo de militarizar el orden público, el debilitamiento de 
los límites institucionales al poder ejecutivo, la criminalización de 
la protesta y una obsesión con la promoción de políticas 
ortodoxas de libre mercado: nada de esto tiene buenos ecos en 
América Latina. Estados Unidos apoyó a muchos de los 
dictadores de la región durante los 70 y los 80 para que 
sirvieran de garantes locales del libre comercio y la 
seguridad contra el comunismo.
Recién después de la asunción del presidente Jimmy Carter en 
1977, Estados Unidos empezó a intentar frenar las fuerzas 
represivas del continente. Si bien esto fue importante, no pudo 
compensar las décadas durante las cuales EE.UU. ayudaba a 
los dictadores latinoamericanos mientras decía defender la 
democracia.
Obama seguramente quiere dejar atrás ese pasado. 
Pero durante su administración, Estados Unidos alentó la 
desestabilización de la democracia en Honduras y Haití, 
presumiblemente porque esperaba que socios comerciales más 
favorables o aliados en la guerra contra las drogas tomaran el poder.
La decisión de Estados Unidos de desclasificar más documentos 
relacionados con la dictadura argentina es un paso importante 
que podría permitir investigaciones judiciales adicionales de crímenes 
de lesa humanidad. Pero ahora Obama no debe avalar la violencia 
estatal y la intolerancia ideológica como efectos secundarios aceptables 
de las metas más amplias de Estados Unidos de promoción del libre 
mercado y cooperación en materia de seguridad.
Una visita presidencial a la Argentina que ignora cómo el gobierno 
de Macri está socavando los derechos humanos y las 
instituciones democráticas —y en su lugar ofrece elogios vacíos 
sobre sus políticas— será interpretada correctamente como una 
vuelta al pasado.



Fuente: http://www.nytimes.com/es/2016/03/23/lo-que-obama-debe-saber-sobre-la-argentina-de-macri/

Dejo mi saludo ritual como un apretón de manos o un "Ave María Purísima", Firme y Digno, Bocha... el sociólogo.

mirando por el retrovisor

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