Ortega y Gasset, conferencia en la ciudad de La Plata en 1939 Para animarnos a la recuperación de nuestros ideales, de nuestro carácter y de nuestro destino de grandeza: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”

Evolución

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lunes, 4 de abril de 2016

El Pelotudo argentino...

En la maraña de acontecimientos dudosos, las usinas de Clarín y La Nación 
salen a buscar a ese ejemplar único e irrepetible que ellos mismos han 
formateado en las últimas décadas y que tiene como precisa y certera denominación 
científica: “el pelotudo argentino”, que no se parece en nada a los pelotudos de 
países limítrofes. El pelotudo argentino es nuestro, como el dulce de leche y el 
Torino, con rasgos propios, únicos e irrepetibles. Es ese nabo que se cree siempre 
un capo, un piola, uno que se las sabe todas y en realidad no sabe absolutamente 
nada. Valga aclarar a efectos de evitar confusiones que no hay que confundirlo 
con el jodido. El jodido sabe, procede con conocimiento de causa, básicamente se 
mueve como un depredador en la jungla buscando siempre su propia conveniencia. 
El pelotudo, en cambio, es un perdedor estratégico, un tactista que va cazando las 
sobras que los de arriba le dejan pero se cree más vivo que ellos.

El pelotudo argentino no mira televisión, la acata.

Es ese pelotudo que pone el grito en el cielo y llama a Magdalena si le vienen 
15 pesos de aumento en la factura del gas y de verdad cree que lo están choreando, 
pero cuando las empresas de celulares, las prepagas, los colegios pri-va-dos 
y las proveedoras de cable lo empernan con arandela y todo automáticamente, por 
default razona que son “reacomodamientos propios del mercado”.

El pelotudo argentino viene desprovisto de fábrica de todas las ideologías que 
ponen el acento en lo nacional y priorizan el interés del país al que pertenece. 
Para él sólo tienen valor los intereses nacionales de los países de origen de las 
empresas que vienen a hacer negocios acá. El pelotudo argentino está convencido 
de que “siempre fue así” aunque nunca pueda probar absolutamente nada de lo 
que repite tontamente. Está fatalmente convencido que “este país no tiene salida” 
y que por eso hay que hacer la propia, ¿vistes? El pelotudo argentino cree que siempre 
los ricos fueron ricos y los pobres fueron pobres, no contempla la posibilidad de 
que algo pueda cambiar y cree que los que lo intentan son unos pelotudos.

Vino al mundo a ser un eslabón más en la cadena de reproducción del capitalismo 
dependiente y nunca se le pasó por la cabeza cuestionar nada de lo pre establecido. 
Y si le proponés ejemplos del funcionamiento del capitalismo central para incorporar 
acá te discute que son medidas comunistas. El problema del pelotudo argentino 
es su obcecación en defender las condiciones estructurales que determinaron que sea 
tan pero tan pelotudo. Es el típico gil a cuadros que defiende a Biolcati y a Clarín y 
cree que el Golcito que a duras penas está pagando en cuotas se lo debe a ellos y no 
a los pelotudos que como él generan con su trabajo la riqueza de los poderosos.

El pelotudo argentino ni siquiera tiene méritos propios en su pronunciado nivel de 
pelotudez. Es todo un logro argentino, lo hicieron enterito acá los que siempre 
tuvieron claro que la mejor defensa de sus intereses es que haya un ejército de 
pelotudos que estén convencidos de que nada debe cambiar.

El pelotudo argentino no discute de política porque “ni él va a cambiar tu forma de 
pensar ni vos se la vas a modificar a él”. No viene programado para rebelarse pero sí 
está formateado para ponerse del lado de los ricos toda vez que se intente sacarles 
algo. El pelotudo argentino de pueblo chico, por ejemplo, es de meterse en comisiones 
junto a los capangas del lugar para compartir reuniones y asados y creer así que por 
estar sentado al lado del potentado su status se ennoblece.

El pelotudo argentino que antes se aterrorizaba con Lanata ahora lo mira como a uno 
del palo y le comenta a sus amigos “lo groso que estuvo el gordo anoche”. 

El pelotudo argentino es algo así como la condición necesaria para que el país no 
salga adelante, es la materia prima de la dependencia. El pelotudo argentino es la 
garantía que tienen las minorías poderosas de que nunca habrá mayorías que se les 
planten y les digan “¡Basta!”. Porque el pelotudo argentino defiende a los que lo 
empoman día tras día y le hacen creer que es un ganador.

El pelotudo argentino se crió con las botas de la última dictadura y luego terminó de 
formatearse en los noventa. Usó el Retiro Voluntario de Menem para poner galletiterías, 
parripollos, pañaleras y maxikioscos o “drugstores” que, como se sabe, no son un 
kiosquito cualquiera. No, son casi, casi un súper pequeño, digamos, y sólo por 
razones de espacio, porque en el barrio no había locales grandes disponibles... y sí, 
es un pelotudo de pedigree, de los buenos, muy probablemente haya parido un casalito 
de pelotuditos que ahora andan en los veintipico que ni te cuento lo que son... ella 
estudia maestra jardinera y el varoncito administración de empresas. El pobre pibe no 
sabe que en su puta vida va a administrar empresa alguna, que las empresas las 
administran pura y exclusivamente los dueños, pero su padre hace horas extras para 
que el pelotudito de su hijo estudie cómo llevarle los papeles a los empresarios el día 
de mañana pero, eso sí, creyendo que les administrará algo.

Eso sí, es muy pagado de sí mismo, lo que se dice “un ganador” de esos que 
abrevan en Sofovich, Rial y Baby Etchecopar, de esos que cuando la Panamericana 
se abotona un domingo a las 20 se mandan por la banquina al palo. Cuando salen a 
la mañana de su casa y desactivan la alarma del Duna arqueando el labio inferior a 
la John Wayne  y escuchan al robot decir “X-28-de-sa-cti-va-do” sienten hasta una leve 
erección.

Y seguramente el pelotudo argentino haya votado a Macri, porque el tipo quería 
un cambio, para poder volver a sentirse un ganador (según sus parámetros de pelotudo).


COMENTARIO del PLUMUDO: ¿Quieren un ejemplar vivo y suelto? acá tienen uno...


Dejo mi saludo ritual como un apretón de manos o un "Ave María Purísima", Firme y Digno, Bocha... el sociólogo.

mirando por el retrovisor

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