Ortega y Gasset, conferencia en la ciudad de La Plata en 1939 Para animarnos a la recuperación de nuestros ideales, de nuestro carácter y de nuestro destino de grandeza: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”

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jueves, 2 de agosto de 2012

Matar a 11 mil kilómetros de distancia

Más de 1.300 pilotos en 13 bases de EE.UU. controlan el vuelo de drones que atacan a la insurgencia afgana.
 
  Cambios. Los aviones no tripulados se han convertido en un arma principal en las guerras de este siglo (AP).

Base militar de Hancock. Desde una base militar en Siracusa, a 380 kilómetros al norte de Nueva York, el coronel Scott Brenton controla el vuelo de un drone sobre Afganistán. La aeronave transmite en directo la vida de insurgentes talibanes, su objetivo a 11.200 kilómetros de distancia. Él y su equipo pueden observar a una familia durante semanas. “Madres con niños. Padres con niños. Padres con madres. Niños jugando al fútbol”, cuenta.

Cuando llega la orden, dispara y mata a un miliciano. Asegura que sólo lo hace cuando las mujeres y los niños no están cerca. Cuando aprieta el gatillo, un escalofrío recorre su nuca, como le pasaba cuando disparaba a un objetivo desde los F-16 que solía tripular.

Los drones revolucionaron el modo en que Estados Unidos hace la guerra. Y también cambiaron la vida de quienes las libran.

El coronel Brenton reconoce la singularidad de atacar, sin más equipo que un mando, unas pantallas y un pedal, en un frente a miles de kilómetros de su silla acolchada en un barrio en Estados Unidos.

“En Irak aterrizabas y quienes te rodeaban sabían qué había pasado”, comenta. Ahora sale de esta habitación llena de pantallas, aún con la adrenalina tras haber apretado el gatillo, y maneja a su casa para ayudar a sus hijos con los deberes. Pero siempre solo. “Nadie en mi círculo más cercano es consciente de lo que pasó”, agrega.

Los drones tienen potentes cámaras que transmiten la guerra en directo a sus pilotos. Los militares que controlan los drones hablan con entusiasmo de los días buenos, como cuando pueden alertar a una patrulla terrestre en Afganistán de una emboscada. Para los días malos, la fuerza aérea envía médicos y clérigos a las bases para hablar con los pilotos y operadores cuando un niño muere en un ataque, o cuando las imágenes muestran un primer plano de un soldado estadounidense caído en combate.

Ver cada detalle. Un piloto de un drone y su compañero, un operador que controla la cámara de la nave, observan a un miliciano mientras juega con sus hijos, habla con su esposa y visita a sus vecinos. Ejecutan el ataque cuando, por ejemplo, su familia va al mercado.

“Ven todos los detalles de la vida de esta persona”, comenta el coronel Hernando Ortega, el jefe de Medicina Aeronáutica en el Mando de Formación y Educación Aérea.

De una docena de pilotos, operadores y analistas aeronáuticos entrevistados, ninguno reconoció que el rastro de sangre causado por las bombas y los misiles les impidiera dormir. Pero todos hablaron de la intimidad que habían establecido con las familias afganas que habían observado durante semanas, cuyas vidas desconocen el piloto que vuela a seis mil kilómetros de distancia y también el soldado que está en el terreno.

“Los ves levantarse por la mañana, trabajar y después irse a dormir”, describe Dave, un mayor de la fuerza aérea que pilotó drones entre 2007 y 2009. “Hay una muy buena razón para matar a estas personas. Me lo repito una y otra y otra vez”, afirma Will, otro oficial. “Pero nunca te olvidas de lo que pasó”, agrega.

Bajo el argumento de que han recibido “amenazas creíbles”, la fuerza aérea prohíbe a los pilotos de drones dar sus apellidos. Sólo los comandantes de la base, como el coronel Brenton, usan sus nombres completos con la prensa.

La fuerza aérea cuenta con más de 1.300 pilotos de drones repartidos en 13 bases en Estados Unidos. Según fuentes militares, se necesitan por lo menos 300 más. La mayoría de las misiones son en Afganistán, aunque las cifras no incluyen las misiones clasificadas de la CIA en Pakistán, Somalía y Yemen.

El ejército entrena ya más pilotos para drones que tradicionales: 350 el año pasado.

“Creo que hago el mismo trabajo de siempre. La única diferencia es que no me envían a otro país a hacerlo”, comenta el coronel Brenton.

Todos los pilotos de la base rechazan que su trabajo sea un videojuego. “No tengo ningún videojuego que requiera que permanezca inmóvil durante seis horas observando sólo a un objetivo”, dice Joshua, un operador. “Las tripulaciones son conscientes de que las decisiones que toman, sean buenas o malas, tienen consecuencias reales”, añade. También evitan la palabra drone. Prefieren llamarlos “aviones pilotados a distancia”.

Todos los pilotos que han tripulado naves de combate afirman que extrañan volar. El coronel Brenton participó en mayo en un espectáculo aéreo en Siracusa. Cuenta que los fines de semana suele pilotar un pequeño avión de hélices, al que bautizó como “El Matamoscas”. “Es agradable estar en el aire”, afirma.

Fuente: La Voz del Interior on line 02/08/2012

COMENTARIO: Digan lo que digan igual pareciera que están hablando con total frialdad como si se tratara de un "VIDEOJUEGOS", totalmente deshumanizado con una falsa moral de esperar que la víctima no esté con su familia para ejecutarlo a 11.000 Km . Éstos si que se vuelven "una fría maquina de matar".
Claro, ellos quieren diferenciarse de los terroristas que atacaron las Twin Towers que no distinguieron entre unos ni otros... pero... "mess with the best, die like the rest". (meterse con los mejores, muere como el resto).

¿Pero qué pasaría si las mujeres y niños al saber esta táctica deciden ir con su padre, hermano o esposo de ahora en más para que no los aniquilen?... tendrán que pagar un alto costo y nada más y nada menos que con su vida. 

Matanza real en una guerra virtual... víctimas reales asesinos virtuales. Así como estas imágenes, y realidades, se disocian y se alejan cada vez más uno de otras el gatillo se vuelve  joystick en una consola donde el que pierde se muere en serio y el que gana quiere pasar al siguiente nivel... más sangre y más muertes.

Dejo mi saludo ritual como un apretón de manos o un "Ave María Purísima", Firme y Digno, Bocha... el sociólogo.

2 comentarios:

María Genérica dijo...

Muy buena entrada, por lo verdadera que resulta. :)

Bocha... el sociólogo dijo...

Lamentablemente verdadera!!!

¿Primera vez por aquí María Genérica? BIENVENIDA!!!

Saludos rituales, Bocha

mirando por el retrovisor

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