El hombre cuyo espíritu es de conflicto y desafío posee un interior que se halla sediento de sangre del enemigo.
Aún sin que sus manos aferren la garganta del adversario, o sin que sus piernas y puños lo estén golpeando, basta solo con la idea para su cuerpo se llene de odio o de deseos de vencer; y entonces estos pensamientos se apoderan de su mente.
En Oriente hay un viejo dicho que reza lo siguiente el peor enemigo que existe es la mente turbada.
La verdadera victoria no supone vencer al enemigo.
La verdadera victoria es la que ofreciendo amor se cambia y modifica el corazón del enemigo.
Todos los grandes maestros espirituales que han pisado esta tierra han enseñado lo importante que es aprender a amar al enemigo.
El ser que en otros estilos, o en otras mentes es llamado enemigo para el aikidoka se convierte en un maestro,
en un igual, en tu imagen, es él quien te ayuda a refinar tus ideas y tus técnicas, él es el contrapeso necesario para agudizar tus sentidos.
Al no verlo como enemigo, ni como un ser al cual temes o desprecias ni deseas causarle daño, te liberas inmediatamente de todos tus odios, es allí cuando en ese preciso momento tu mente queda libre.
Con una mente libre puedes captar todos sus movimientos, todos sus puntos débiles y todo aquello que esté o no dispuesto a revelarte.
En el Budo comprender al enemigo es un paso esencial, dado que al comprenderlo esto permite que el odio desaparezca y brote el verdadero poder, la técnica pura.
Las Leyes de la Naturaleza O´Sensei siempre hacía mención a estas Leyes con motivo de ilustrar los orígenes y comportamientos del Aikido.
En una ocasión al hablar de ellas dijo:
"Las Leyes de la Naturaleza y los ritmos universales constituyen el libro básico de las técnicas y la práctica del Aikido".
Las Leyes que definen la estructura y la dinámica del Universo deben convertirse en parte integrante e intuitiva de la consciencia, pues ella determina la estructura y la dinámica del cuerpo.
Saludos rituales, Bocha 6º kyu.
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